miércoles, 1 de junio de 2016

"NO QUIERO IGUAL A MIS HIJOS, TAMPOCO LOS EDUCO IGUAL"

Ha pasado un largo tiempo desde mi anterior entrada a éste blog, pero vuelvo para compartir cavilaciones que se nutren de la cotidianidad de mis roles, con un título que exaspera a los idealistas del amor, la maternidad y la paternidad.   

Quienes tienen varios críos quizás podrán empatizar con este sentipensar que tropieza con la creencia de amar y educar a los hijos de igual manera en el mismo nicho; como si los años y en ellos, las experiencias no significaran el creSER de quienes con "puerta y ventanas abiertas" - refiriéndome a la consciencia- acompañan a las criaturas. 

Y aún, con sombras y luces jamás somos los mismos porque la vida y la historia no es estática como no lo es la familia en su dinámica. La madre y el padre del primer hijo, no es la misma madre y padre del segundo, ni del tercero... En fin, jamás somos las mismas personas porque no hay circunstancias iguales y porque se crece, aprende y desaprende, se hace claro u oscuro con los años y las vivencias. 

Como los árboles que jamás amparan con la misma sombra a quienes se posan bajo ellos cada día. Así los padres y madres no son los mismos aunque su presencia permanezca ofreciendo su cuidado, éste como la sombra es diferente cada día del curso vital. 



Cada hijo tiene el sello de la historia, de la sombra ofrecida, de lo que fuimos en ese momento, de lo que sentimos, lo que hemos compartido y crecido junto a él. Porque crecen los hijos y crecemos junto a ellos, nos hacemos mejores seres humanos conectados con ellos. 

La cría primogénita lleva el sello del amor propio que lo gestó, lo crió y educó.  Benditos los primogénitos que se han iluminado del amor propio,  el deseo genuino, consciente y responsable de sus progenitores o cuidadores primeros. Y así cada uno de los hijos... Aunque no siempre acontece así... (!)

En buena hora los tiempos actuales ofrecen mayor acceso a espacios de información, acompañamiento y despertar de la consciencia (eso parece), las nuevas generaciones serán las beneficiadas.

Sin culpas pero con la responsabilidad de sí mismos, los padres y madres avanzan guiados por el disfrute y amor hacia sus crías, muchos por ensayo y error desde sus posibilidades contextuales y recursos internos. Así, el amor puede estar disponible para todos los hijos pero las expresiones del mismo varían diversa y equitativamente.

Porque precisamente, es la equidad y no la igualdad la que ilumina la crianza cuando se tienen varios hijos. Y la equidad será guiada por la consciencia y el desarrollo de habilidades parentales que despiertan con la empatía o se forjan con la experiencia. Esta equidad en la crianza, incluye, une e integra. Lo contrario sería discriminación.

Cubiertas las necesidades básicas de los hijos/as, la equidad en la crianza va de la mano de la personalidad de cada uno de ellos, sus necesidades particulares, condiciones, demandas,  sus maneras de interacción según el sistema de apego y vínculo que se ha tejido en cada historia desde la etapa primal.

Evolucionamos con la diversidad, la integración y con las circunstancias vitales. Evolucionamos como personas, padres o madres, como pareja, como familia. Es importante hablar de ello sin temor y escuchar sin señalamientos sobre lo que sienten los padres y madres dejando la creencia obligada de "amar igual a los hijos" como si fuesemos "iguales" siempre y los críos también lo fueran.

Es necesario también integrar en esos diálogos a los hijos e hijas para que expongan lo que sienten, perciben y puedan comprender que la diferencia y la equidad, no es discriminación cuando todos son sostenidos, atendidos y acompañados sin exclusión alguna. Y sobre todo, cuando todos crecen según sus ritmos y maneras.

Mira a cada uno/a de tus hijos, su rostro, su mirada, la manera de ver, interpretar y sentir el mundo. Aunque estén bajo el mismo techo y sean críos de una misma madre/padre el sello del amor y la historia vital (la sombra que le cobijó durante su etapa primal),  ha dejado en cada uno de ellos una huella diferente - no mejor ni peor - solo diferente como los tiempos, como la vida en cada uno de sus días, como ha crecido el ser humano que habita a papá y mamá. 

Saludo con #FuerzaOxitocina. Sigo cavilando, sintiendo y viviendo!!

No dudes en sumar tu comentario y experiencia para nutrir esta reflexión.

LILIANA CASTRO MORATO
Psicóloga en CASA PRIMAL
SALUD PRIMAL Y BIENESTAR HUMANO S.A.S
Consultoría, Proyectos, Acciones, Educación.
Contacto: 3165430801
Bucaramanga, Colombia